Redacción/Censura!
En la carretera libre Tepic–Guadalajara, poco después de pasar el poblado de La Galinda, en el municipio de Santa María del Oro, existe un sitio que se ha ganado a pulso su fama entre viajeros, familias y curiosos del buen comer: el restaurante “La Sierrita”.
Rodeado por el silencio verde de los pinos y la firmeza antigua de los robles, el lugar parece suspendido entre la montaña y el aroma de la cocina tradicional. Allí, el humo de los fogones se mezcla con el aire fresco de la sierra, creando una atmósfera que invita a quedarse más tiempo del previsto.
Aunque en otros tiempos el borrego era una de sus especialidades más buscadas, hoy el menú gira principalmente alrededor del puerco. Y aun así —o quizá precisamente por eso— el sazón sigue siendo su mejor carta de presentación. Carnes jugosas, tortillas recién hechas y platillos que conservan el sabor casero de la región hacen que cada mesa ocupada sea una prueba de su popularidad.
Porque si algo distingue a La Sierrita, además de su cocina franca y generosa, es que se llena. Se llena de familias que llegan por recomendación, de viajeros que hacen una pausa en el camino y de comensales que regresan porque saben que ahí la comida sabe distinto.
Este sábado, en el marco de la visita a Nayarit de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, la parada obligada fue precisamente ese lugar. La experiencia confirmó lo que muchos ya saben: más allá de las rutas oficiales o de la agenda política, hay rincones donde la verdadera identidad de una tierra se revela en la mesa.
Y La Sierrita es uno de ellos.
Un restaurante sencillo, con precios accesibles, pero con algo que no siempre se encuentra: autenticidad. Un pequeño refugio gastronómico en los bosques de SAMAO, donde el camino, el paisaje y el sabor se encuentran en el mismo punto.




